
Es una piedra excelente para tratar estados de agotamiento, depresión o ataques de pánico. Es conocida como la piedra de la alegría y el bienestar. La turquesa es una piedra de purificación. Disipa las energías negativas y limpia las radiaciones electromagnéticas; una de sus funciones protectoras es defender de influencias externas o de polucionantes medio ambientales. Es una sanadora muy eficaz para cuerpo y espíritu. Fomenta la armonía espiritual y la comunicación con los mundos físico y espiritual.
Mentalmente, mantiene alerta al tiempo que infunde calma y ayuda a la expresión creativa. Emocionalmente, estabiliza alteraciones del estado de ánimo, estimulando el amor romántico.

Actúa sobre la comunicación y la facilidad de palabra. Promueve la autorrealización, calma los nervios cuando debemos hablar en público. Aumenta la capacidad creadora de la mente.
Como piedra protectora que es, ha sido usada como amuleto desde tiempos inmemoriales; y es un reconocido amuleto para viajeros. Absorbe la energía negativa. Flexibiliza las actitudes y los patrones de pensamiento demasiado dogmáticos o fanáticos. Ayuda a ver el aspecto lúdico de la existencia y a contemplar la vida con más sentido del humor. Quien posea una turquesa jamás tendrá necesidades ni apremios económicos
La turquesa es el símbolo de la amistad. Si fuera dada una turquesa por un amigo, esa piedra protegería al portador contra energías negativas, y traería buena fortuna. También trae paz al hogar.
Está muy estrechamente ligada con el éxito y la buena suerte porque posee grandes poderes para proteger a su portador contra el fracaso. Además nos preserva contra la pobreza según canta un dicho popular que asegura que “la mano que lleva una turquesa no conoce nunca la pobreza”. Es eficaz contra el veneno y los problemas de salud.
La turquesa Tibetana, tiene propiedades adicionales. Pues sus tonalidades verdes le confieren unas características ligeramente diferentes.
En el Tíbet, la turquesa no es considerada una
piedra preciosa, porque no consienten que se la trate como piedra, y
hacerlo los ofende. Es, simplemente, "turquesa" ("gyu" en tibetano), y
el conocimiento de sus propiedades y sus significados es visto como algo
distintivo de su propio pasado como pueblo, sin que acepten haber
recibido influencias externas en este aspecto de su cultura. La turquesa
aparece, pues, como una especie de "piedra nacional", con la que se
identifican, a la que respetan, y a la que usan en joyería, pero también
atribuyéndole propiedades medicinales y de curación energética.
Encuentran en sus variaciones de color el reflejo de los cambios en la
salud de su portador, y para la cultura tibetana, el brillo de la gema
depende del trato que se le da, beneficiando tanto al que la regala como
al que la recibe si el vínculo que se expresa en esa donación es
amoroso.Si el portador está afectado de influencias maléficas, la turquesa palidece y su coloración decae.Cuando se trata de un uso medicinal, suele utilizarse pulverizada, y se valora su eficacia en relación a trastornos hepáticos, anemias o enfermedades psicosomáticas de carácter histérico. Se utiliza también en la elaboración de objetos rituales para las ceremonias religiosas, considerándose indispensable entre las ofrendas a los grandes lamas.
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